De Road Trip por Grecia y el Peloponeso

Ruta hedonista por algunos de los lugares más famosos -y otros menos trillados- del país heleno.

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10 min de lectura

Grecia es un paraíso para el viajero hedonista. Playas de arena blanca y aguas cristalinas, franqueadas por pinos y campos de olivos. Impresionantes monumentos, testigos de un legado histórico. Gente amable con el turista, precios baratos, comida espectacular. ¿Qué más se puede pedir?

Esta es mi propuesta de road trip por el interior de Grecia y el Peloponeso. Fue un road trip improvisado, en el que empezamos visitando dos lugares muy turísticos (Atenas y Meteora) pero rápidamente decidimos explorar la cara menos turística del país. Al final, nos acabó quedando un road trip muy completo en el que pudimos conocer las dos caras del país, la turística y masificada, y la local, mucho más agradable y sorprendente.

Atenas

El viaje comienza en Atenas, capital de Grecia y ciudad con ese particular encanto que desprenden las ciudades decadentes pero con mucha historia. Atenas tiene barrios sucios, caóticos y hasta inseguros, pero también tiene una vida auténtica, monumentos a cada esquina y, lo más importante, una esencia que ha sabido preservar pese a las hordas turísticas que la invaden cada verano.

Fantástica vista desde el Acrópolis del Odeón de Herodes Ático, con la ciudad de fondo.

Puedes empezar paseando por los barrios de Monastiraki y Plaka, ambos descansando bajo la dominante figura del Acrópolis. Son barrios muy turísticos, pero con mucho encanto. Monastiraki es un algo así como el barrio comercial de Atenas, y está repleto de tiendas y también restaurantes, además de un mercadillo muy al estilo de los zocos árabes.

Por su parte, Plaka es el barrio más antiguo de Atenas, y se caracteriza por sus callejuelas estrechas, repletas de restaurantes de comida griega que están siempre a rebosar de turistas, pero también de locales. En Plaka, además, puedes encontrar pequeñas iglesias bizantinas y rincones fotogénicos con casas encaladas, muchas de ellas cubiertas de buganvillas, que recuerdan a las islas griegas.

Como no íbamos sobrados de tiempo para visitar la ciudad, reservamos un free tour para ver lo imprescindible de la ciudad: el Ágora de Atenas, el ágora romana, el Templo de Zeus, el Parlamento y la plaza Síntagma, donde se lleva a cabo el famoso cambio de guardia.

El segundo día una visita obligada al Partenón. Aunque no soy muy de visitar monumentos, debo reconocer que el Partenón tiene bien ganada su fama como uno de los monumentos más impresionantes del mundo. Es uno de esos sitios con una vibración especial, donde hueles el peso de la historia, y las vistas de 360º que se tienen de la ciudad ayudan a formar una postal de belleza superlativa.

El Partenón es espectacular, el monumento histórico más impresionante en el que he estado.

La entrada al recinto a través de los Propíleos es espectacular y se siente como un viaje al pasado, una sensación de encanto y misterio que pocas veces he sentido en cualquier otro monumento antiguo. Los atenienses que construyeron el Partenón se quedaron realmente a gusto: edificaron un templo para la eternidad.

Meteora

El Peloponeso es una de las joyas de Grecia: mucho menos turístico que las islas griegas, sin duda mucho más auténtico, y disfrutarás igualmente de unas playas espectaculares, de unos pueblos con muchísimo encanto, de una comida espectacular y barata, y de la asombrosa amabilidad de la gente griega.

Antes de adentrarnos en el Peloponeso queríamos visitar Meteora, lugar archiconocido por sus monasterios colgantes, edificados encima de montículos rocosos. El conjunto suma un total de 6 monasterios y está declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco. La visita puede hacerse siguiendo un recorrido por carretera de unos 17 km, donde puedes ir parando en cada uno de los monasterios.

Es uno de los lugares más turísticos de Grecia. Lo cierto es que los monasterios son pintorescos y merecen la pena la visita, aunque lo mejor quedó reservado para el final del día. Había leído que el atardecer en Meteora es particularmente bello y me encargué de buscar un buen spot fotográfico. Acerté con el Observation Deck, desde donde se tiene una panorámica perfecta del valle de Meteora con el sol ocultándose tras las montañas. Una de mis fotos favoritas de todos mis viajes.

Atardecer épico en Meteora.

La visita puede hacerse siguiendo un recorrido por carretera de unos 17 km, e ir parando en cada uno de los monasterios. Sobra decir que Meteora es una pasada y, el atardecer, uno de los mejores -probablemente el mejor- que he tenido ocasión de ver.

Pasamos la noche en el Guest House Arsenis, hotel básico pero limpio, con un trato amable y un buen desayuno. Verás que muchas opiniones mencionan lo pesado que puede ser a veces el dueño y tienen toda la razón, pero creo que todo lo demás compensa.

Región de Zagori y Lefkada

El siguiente punto en la ruta era Monodendri, pero de camino paramos a comer y dar un paseo improvisado en Ionanina, preciosa ciudad al borde del lago Pamvótida. Este fue el primer punto de la ruta alejado de los circuitos más turísticos, cosa de la que pudimos dar fe porque nos encontramos pocos turistas y sí muchos griegos que vienen aquí de vacaciones.

Monodendri es un pequeño pueblo de montaña en la región de Zagori, muy cerca de la frontera con Albania. El pueblo es encantador, con casas de piedra y calles adoquinadas en las que es un placer pasear. Además, es un punto de partida ideal para explorar otros pueblos tradicionales de Zagori, como Papingo o Vitsa.

La garganta de Vikos desde el mirador de Oxia.

La misma tarde en la que llegamos visitamos unas curiosas formaciones rocosas a las que les han dado el nombre de Stone Forest. Pero el principal atractivo de la zona es otro, la garganta de Vikos, según el libro Guiness el cañón más profundo del mundo en proporción a su anchura, con un ratio de profundidad y anchura de 900 metros.

Por supuesto hay un trekking para recorrerla, pero una confusión al tomar uno de los múltiples desvíos que hay en el camino nos hizo perder bastante tiempo y al final desistimos de hacerla entera. Aún así, las vistas desde los primeros miradores que hay en el camino ya valen la pena. El más famoso de ellos es el mirador de Oxia, desde donde se obtiene una panorámica fantástica de la garganta.

En Monodendri disfrutamos del mejor alojamiento de todo el viaje: el hotel Ladias, un pintoresco edificio de piedra con habitaciones rústicas pero impecablemente limpias, y un desayuno bufé fantástico. En la primera noche vimos cómo la anfitriona eliminaba a España del mundial de Rusia y certificamos la amabilidad y el buen trato que otorga el griego a los turistas.

No muy lejos de Monodendri se encuentra Corfú, legendaria isla del mar Jónico conocida por sus playas idílicas. En previsión de evitar la marabunta de gente en pleno mes de Julio pusimos rumbo un poco más al sur, hacia la menos conocida Lefkada, isla encantadora, de ambiente muy relajado, con un aire algo hippie incluso.

Me gustó especialmente la playa de Vasiliki, en el extremo sur de la isla, donde pudimos ver otro bello atardecer y cenar de escándalo en un restaurante increíble llamado Batzanakias, donde sirven unos platos con pasta y carne deliciosos, con unas vistas increíbles a la playa y por poco dinero. El combo de buena comida y buenos precios, junto con buenas vistas y un trato amable se acabó convirtiendo en habitual, santo y seña del interior de Grecia.

Peloponeso: de Olimpia a Nauplia

La primera parada ya en ruta por el Peloponeso es en la mítica Olimpia, sede de los primeros Juegos Olímpicos en la antigua Grecia.

He de serte totalmente sincero y decirte que la visita a las ruinas fue de lo que más me decepcionó del viaje a Grecia (el estado es verdaderamente ruinoso), pero al menos me llevo la experiencia del mejor plato de pescado que he comido en mi vida: una dorada así de espectacular en la Taverna griega Orestis (su valoración de 4.6 en Google Maps me resulta del todo infravalorada).

Tampoco estuvo nada mal la estancia en el Mellia Rooms, un Guest House de muy buena relación calidad-precio y que pudimos disfrutar prácticamente para nosotros mismos.

Desde Olimpia el siguiente punto lógico en cualquier ruta sería Delfos, pero tras nuestra desilusión en las ruinas de Olimpia nos apetece algo de playa, así que reseguimos la costa del Peloponeso rumbo suroeste, hacia la playa de Voidokilia, una de las más conocidas del Peloponeso.

Playa de Voidokilia
Vista aerea de la preciosa playa de Voidokilia, con su perfecta forma de omega. Foto de Above Horizon.

Es una playa preciosa, ubicada en una especie de bahía muy pequeña, con una arena finísima y un agua cristalina. No lo supe en su momento, pero un buen plan es subir hasta las ruinas del castillo de Paleokastro, desde donde hay una vista espectacular de la playa en forma de omega perfecta.

Cerca queda Marathopoli, otro pueblo encantador con un montón de restaurantes donde se come de lujo por poco dinero, donde te atienden estupendamente y absolutamente vacío de turistas extranjeros. Te contaba antes que lo mejor del Peloponeso es poder disfrutar de un destino de playa sin las aglomeraciones que tienen las islas, y un ejemplo de esto lo tienes en la siguiente foto, en la que me puedes ver tumbado a la bartola en un bar donde no había ni un alma, con una estupenda vista al mar, algo impensable en cualquier otro lugar de Grecia.

Descansando en Marathopoli
Mediterranean vibes en Marathopoli.

Nada que ver con lo que vendría después: Nauplia, ciudad de medio tamaño que en su momento llegó a ser capital de Grecia pero que ha ido perdiendo población e importancia política.

Decidimos buscar un apartamento con piscina para echar el ancla y descansar unos días. Elegimos el Meraki Rooms y acertamos de pleno. 

Aunque sigue teniendo un ambiente tranquilo y acogedor, es un sitio mucho más turístico, con numerosos restaurantes y tiendas que se distribuyen en un pequeño casco antiguo muy bonito y un largo paseo marítimo. También puedes subir hasta la fortaleza de Palamidi, con sus 999 escalones y unas vistas increíbles de la ciudad y el golfo Argólico.

Imagen desde el puerto de Nauplia
Bonito ocaso desde el muelle de Nauplia.

Como digo, Nauplia recibe muchos más turistas por quedar cerca de uno de los principales atractivos del Peloponeso: el teatro de Epidauro, uno de los mejor conservados del mundo y cuya acústica sigue siendo impresionante incluso para los estándares de hoy. En verano se programan obras en el teatro, así que un buen plan es comprar entradas para ver alguna de ellas.

Me sorprendió ver a tantísima gente, turistas pero también griegos. En efecto, el teatro es una pasada, no solo por lo bien que se conserva sino porque el emplazamiento es una maravilla y la acústica es tan excepcional como se indica en las guías de turismo. Es sorprendente comprobar cómo durante la obra los actores cuchichean entre ellos, pero desde los asientos en las gradas más altas se puede escuchar perfectamente las voces.

Lamentablemente las obras se representan en griego con la única ayuda de una pantalla con subtítulos en una de las gradas, subtítulos que además van con mucho retraso, por lo que resulta imposible seguir la obra. Aún así, vale la pena solo por visitar Epidauro y comprobar lo maravilloso de su acústica.

Teatro de Epidauro
La acústica del teatro de Epidauro es una cosa muy seria.

Epidauro fue un colofón perfecto a nuestro road trip por el interior de Grecia y el Peloponeso. El día siguiente cruzaríamos el canal de Corinto hacia el puerto ateniense del Pireo, para coger un Ferry en dirección a dos islas muy turísticas del mar Egeo: Santorini y Creta.

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