Recuerdo llegar al anfiteatro de Bryce Canyon y quedarme realmente sorprendido por la belleza insólita del lugar. Aunque había visto muchas fotos y conocía bien lo que iba a visitar, verlo en persona impresiona mucho más que verlo en fotos. Realmente, el paisaje poblado de hoodoos es algo extraordinario, incomparable.
Hay otros lugares del planeta con formaciones rocosas parecidas. Lo que no hay en ninguna parte es esta cantidad. El anfiteatro de Bryce reúne una concentración de hoodoos —esas «chimeneas de hadas»— tan disparatada que su interior es una maraña de barrancos, congostos y desfiladeros en los que sería fácil perderse de no ser por los senderos señalizados. En una escala de grandeza pura, el Gran Cañón gana. En rareza, Bryce no tiene rival.
Tanto es así que Ebenezer Bryce, el ganadero mormón que dio nombre al parque, lo resumió con una frase que ha quedado grabada en la mitología del oeste: «a hell of a place to lose a cow», un sitio del demonio para perder una vaca. Cuando bajas al anfiteatro, entiendes perfectamente a qué se refería.

Un circuito improvisado entre Navajo y Peekaboo
Visitar Bryce es sorprendentemente fácil, más que otros parques nacionales de Utah. Recibe una fracción de los visitantes de Zion o el Gran Cañón, así que no arrastra las restricciones de tráfico que ahogan a sus vecinos: puedes recorrerlo en coche parando en los miradores de la carretera escénica, pero también caminando por los senderos que se hunden en el anfiteatro y te dejan los hoodoos al alcance de la mano.
El más popular es el Navajo Loop, un bucle de 2,2 km que baja desde Sunset Point. Tiene dos ramales, Wall Street y Two Bridges, y la mala suerte quiso que Wall Street estuviera cortado durante mi visita, así que no pude bajar por las famosas eses de ese lado. Después supe que ese tramo solo abre en verano: el resto del año la nieve y las lluvias elevan el riesgo de desprendimientos.
El corte de Wall Street me obligó a improvisar otro circuito: bajar por el ramal abierto del Navajo hasta enganchar con el Peekaboo Loop Trail, seguirlo en dirección sur hasta Bryce Point y volver al aparcamiento del centro de visitantes por el Rim Trail. Unos 10 km en total y alrededor de 750 metros de desnivel acumulado, repartidos con suavidad pero sostenidos.

Acabé agradeciendo el cambio de planes. El Peekaboo es un sendero precioso, quizá el mejor del parque para ver los hoodoos de cerca y en todas sus formas y colores: pasa junto a las Three Wise Men y bajo el Wall of Windows, dos de las formaciones más peculiares del Parque. Además, es un sendero poco frecuentado: si tienes tanta suerte como yo puedes hacerlo casi en total soledad.
El Peekaboo completo es un circuito de 8,8 km que arranca en Bryce Point, y los rangers lo clasifican como difícil. A mí no me lo pareció, más allá de su longitud, y esa fue mi sensación en casi todos los senderos del viaje. Pero conviene no fiarse demasiado de la sensación de uno: aquí se camina entre los 2.100 y los 2.700 metros, la mayor parte del recorrido es una bajada que luego hay que desandar.
La ruta termina enfilando el Rim Trail desde Bryce Point. Es el sendero más panorámico del parque, recorre la parte alta del anfiteatro y encadena los grandes miradores; el tramo que hice yo, de Bryce Point a Sunset Point, son 3,7 km cómodos y casi llanos, aptos para cualquiera. Mi mirador favorito de todo el recorrido es Inspiration Point, que es también donde se concentra el gentío.
El otro clásico del parque es el Queen’s Garden Trail, 2,9 km de ida desde Sunrise Point y probablemente el descenso más amable al interior del anfiteatro. Serpentea entre algunas de las formaciones más célebres, incluida la que según dicen recuerda a la reina Victoria y que le da nombre. Combinado con el Navajo forma el circuito más famoso de Bryce, dibujado sobre el mapa en una curiosa forma de ocho. Parece largo y no lo es: 4,6 km, 191 metros de desnivel positivo y tres horas como mucho. Al norte del parque queda un cuarto sendero, el Fairyland Loop, de 12,6 km y 579 metros de desnivel, bastante más exigente y, precisamente por eso, casi vacío.
La carretera escénica
El consejo que se repite en cualquier viaje por los parques del oeste —madrugar— también vale aquí, y tiene una recompensa concreta: terminar la caminata al mediodía y dedicar la tarde a la Bryce Canyon Scenic Drive, que se extiende 29 km hacia el sur desde el centro de visitantes hasta Rainbow Point.
Digámoslo claro: la carretera es menos interesante que cualquiera de los senderos. Si hay que priorizar, se camina. Pero permite algo impensable en otros parques nacionales del oeste, que es recorrer los miradores principales en tu propio coche y sin restricciones. Son trece paradas con vistas muy distintas al anfiteatro y a los cañones del sur; las mejores, a mi juicio, Natural Bridge y Ponderosa Canyon. Da tiempo de sobra a parar en todas.
Un truco que ahorra maniobras: conduce del tirón hasta el final y ve parando en los miradores durante la vuelta. Todos los desvíos quedan a la derecha en sentido norte, así que evitarás trece giros cruzando el carril contrario.
A tener en cuenta antes de la visita
Si llegas a Bryce por la zona oeste (Las Vegas, St George) vale muchísimo la pena hacerlo por la Scenic Byway 14, considerada una de las carreteras más bellas de Estados Unidos. La carretera parte de Cedar City y atraviesa la reserva forestal de Dixie y Cedar Canyon, con un bosque de coníferas, abetos y álamos espectacular, además de lagos y gargantas de una belleza insólita.
Una vez en Bryce Canyon verás que es uno de los Parques Nacionales más agradecidos con el turista. A diferencia de otros parques nacionales del país, está abierto el acceso en coche por las carreteras del parque todo el año. También congrega mucha menos gente que en el Gran Cañón o Zion, y su clima es también más benigno, circunstancia que viene dada por su altitud (entre los 2100 y 2700 m s. n. m.) y un microclima que hacen de este territorio el más fresco y húmedo de Utah.
Aún así, ten en cuenta que, en temporada alta, los parkings se llenan muy temprano, así que te tocará madrugar si quieres encontrar sitio, sobre todo en los miradores Sunset Point y Sunrise Point, los más cercanos al centro de visitantes. Durante la temporada alta, el parque ofrece un servicio Shuttle para moverte entre los principales puntos.
Aunque es un Parque menos visitado que Zion o Yosemite, el momento ideal para visitarlo sigue siendo fuera de la temporada alta: de abril a junio y de septiembre a noviembre. No hay que descartar el invierno si quieres disfrutar del parque con un paisaje aún más bello, ya que las nevadas son frecuentes y el contraste del color rojo de la roca con el blanco de la nieve es fantástico.
Para dormir, dentro de Bryce Canyon el único alojamiento que hay es el Bryce Canyon Lodge, un edificio histórico y muy pintoresco en el que resulta carísimo alojarse y que además hay que reservar con mucha antelación. Las opciones más sensatas y no muy lejos de Bryce Canyon son las ciudades de Hatch, Panguitch, Bryce Canyon City o Tropic.
St. George, Kanab o Cedar City son ciudades algo más alejadas, pero en las que tienes aún más oferta de alojamiento. El parque también cuenta con zonas acampada; el North Campground está abierto todo el año pero se tiene que reservar entre el 19 de mayo y el 7 de octubre, mientras que el Sunset Campground solo abre del 15 de abril al 31 de octubre y no requiere reserva. Tienes más información en la web oficial del parque.










Comentarios
Todavía no hay comentarios. ¿Empiezas tú?